Hay una frase que se repite en miles de cocinas españolas: «para mí solo, ¿qué voy a cocinar?». Y detrás de esa frase, un riesgo real del que se habla poco: quien come solo tiende a comer peor. Los estudios sobre soledad en personas mayores, como el del Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», señalan la malnutrición entre sus consecuencias: cocinar para uno desanima, se picotea cualquier cosa de pie, se repite lo fácil y, poco a poco, el cuerpo lo nota. La buena noticia es que tiene arreglo, y no pasa por convertirse en chef.
Comer acompañado es medio menú: se come mejor, más variado y con más ganas. Recupere el vermú de los domingos con la familia, proponga a una vecina turnarse las comidas de los jueves, apúntese al comedor del centro de mayores si lo hay cerca (suelen ofrecer menús equilibrados a buen precio), o interésese por los servicios municipales de comida a domicilio si cocinar se ha vuelto cuesta arriba: pregunte en sus servicios sociales, que para eso están.
Si nota que está perdiendo peso sin proponérselo, que la ropa le baila, que el apetito ha desaparecido durante semanas o que le cuesta tragar, no lo deje pasar ni lo resuelva con suplementos por su cuenta: cuénteselo a su médico o a su enfermera, que valorarán la causa y, si hace falta, le pautarán lo adecuado. Carmen le da en esta página ideas de cocina y de organización, y Elena le ayuda a preparar esa consulta; ninguna de las dos sustituye al profesional que le conoce.
| Para la nevera: cocinar para uno no es cocinar de menos, es organizarse distinto: guisos en raciones, despensa lista, sabor sin miedo y mesa compartida siempre que se pueda. |
Fuentes: Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», sobre soledad no deseada y sus efectos en la alimentación de las personas mayores; recomendaciones generales de alimentación en mayores adaptadas de guías divulgativas contrastadas.
Mayte
Asistente general de Canal Sénior
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